Evolución do ser humano

evolucion del hombre

En el pasado, cuando el hombre vivía como cuadrumano, la forma en que trepaba a los árboles hizo que se le agudizara la vista a expensas de otros sentidos como el olfato y contribuyó a que se elevaran sus facultades mentales. Luego, mientras la costumbre de agarrarse a las ramas y coger frutas daba flexibilidad a la mano, quedó abierto el camino para nuevos adelantos.

Mucha veces se ha destacado la gran importancia que en la evolución humana tuvieron la mano y el pulgar que puede oponerse a ella.

A nuestros antepasados más remotos se les dio un nuevo estímulo para que su desarrollo mental  siguiera cumpliéndose al bajar de los árboles y abandonar un régimen de comida principalmente vegetariano para adaptarse a vivir en suelo firme y comer carne.

Por otra parte, es evidente que aquellas criaturas, con un hocico en cierto modo chato y que carecían de garras afiladas o de dientes caninos, tuvieron necesidad de matar, despellejar y cortar animales para comérselos  Y esto les debió conducir primero al uso y luego a la fabricación de instrumentos, el uso consciente de la mano condujera al desarrollo de otra facultad esencialmente humana: la del habla, porque se ha podido comprobar que el movimiento de la mano produce otro de la boca, que se armoniza con aquél. Y hasta es posible que el hábito de comunicarse por medio de gestos haya contribuido a provocar la emisión controlada de sonidos diversos.

Hay un punto en que la técnica de los animales se distingue fundamentalmente de la técnica del hombre: el aparato técnico de los animales es su propio cuerpo; y todas las técnicas animales aparecen encadenados a un aparato determinado, como un galeote a su galera. Solamente las más maravillosa de todas las organizaciones del reino animal, la del cerebro humano, ha permitido a un grupo de seres romper sus cadenas, fabricar complicados instrumentos y conquistar así nuevos y enormes espacios vitales.

Por otra parte, fácil resulta decir que la necesidad de poseer una vista aguda, la habilidad de manipular objetos o cosas, la obligación de cortar carne y la concentración necesaria para fabricar herramientas y utensilios llevaron, juntas, a la multiplicación de las células cerebrales en el cráneo humano. Y que cada multiplicación de dichas células condujo a su vez a otro adelanto en las funciones de que el hombre fuera capaz.

Difícil, por no decir imposible, es conocer la causa definitiva del desarrollo del cerebro humano, o la expansión de la conciencia de las cosas producidas dentro de éste.

Los dos hemisferios cerebrales humanos son tan grandes que tuvieron que plegarse y contonearse para caber dentro de los huesos del cráneo. Particularmente característico del hombre es el gran tamaño de sus lóbulos frontales y temporales, entre los millones de células nerviosas de los cuales se cuentan muchos grupos no obligados a regir funciones determinadas, sino a actuar como depósitos de la memoria y las correspondientes asociaciones.

La memoria y las asociaciones entre los recuerdos, que conducen a las facultades por medio de las cuales se crean las imágenes: he ahí las capacidades necesarias para tener plena conciencia de sí, para tenerla siempre del pasado y del futuro, para anticiparse inteligentemente a los hechos y para crear las tradiciones con las cuales unir y cimentar la larga vida de la raza humana…

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Es evidente que un fémur  es un instrumento maravilloso. Prolonga el campo de acción del brazo y le da a su dueño una sensación de superioridad, de la que se siente orgulloso.

Huesos

Así fue como el primate se convirtió en señor. Y si en el camino se le cruzaba otro animal (que posiblemente fuese a coger lo que él quería), no necesitaba más que empuñar el hueso o el garrote y descargarlo con fuerza sobre él. Si lograba matarlo, había desaparecido para siempre del campo de la lucha por la existencia. Con esto la valorización que del propio yo tenía el dueño del garrote aumentaba sin cesar.

De esta forma, una nueva manera de ver el mundo se va abriendo paso en su mente. Ensayaba los métodos de caza más diversos: arrojaba palos y piedras, se juntaba con otros compañeros hábiles para acorralar las presas, hasta terminar por descubrir que un pedazo de hueso astillado, tirado con fuerza, podía atravesar un animal.

Al parecer el telanthropus, el peso del cerebro abría aumentado, sobrepasando el límite del de los monos, y aumentaron sus habilidades. Entonces los prehomínido fueron extendiéndose y al principio del pleistoceno poblaron ya todas las regiones más cálidas del Viejo Continente.

Y una vez allí, en un ambiente nuevo, se les presentaron problemas que sólo podían resolver esforzando más su entendimiento e inventando armas y herramientas mejores. Así fue cómo la piedra tallada se convirtió en el arma mortífera ideal para él.

Vídeo sobre la evolución del ser humano

Las manos y los pies del ‘eslabón perdido’ hablan de su doble vida (artículo El País)

¿Hemos parado ya de evolucionar? (Artículo El País)

Paula Dominguiez Carbón (1º Bach A)

Nieves Saavedra Gómez (1º Bach A)

Rita Ramos Constenla (1º Bach A)

 

 

 

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